Ariel Guibaud, del silbato local al contrato con la AFA: la historia de un sueño que empezó a los 19

El arbitraje de la Liga Departamental de Gualeguaychú acaba de marcar un hito histórico. Por primera vez, un árbitro formado en nuestras canchas dio el salto al profesionalismo de la mano de la Asociación del Fútbol Argentino. Se trata de Ariel Guibaud, quien a los 19 años cambió los botines por el silbato y hoy, tras años de sacrificio entre viajes y categorÍ­as formativas, firmó el contrato que lo deposita en las ligas mayores. Esta es la historia de un mail que cambió un destino.

 

El mail llegó dos semanas después de haber completado un formulario. Nada extraordinario, en apariencia. Pero cuando lo abrió, la vida cambió de eje. La citación era clara: debÍ­a presentarse en la sede de la Asociación del Fútbol Argentino para firmar su primera pasantÍ­a.

Ariel Guibaud estaba con su mamá cuando leyó el mensaje. No hubo discurso preparado ni reacción calculada. Solo emoción.

“Uno lo espera, pero nunca sabe cómo va a reaccionar. Fue una noticia muy fuerte”, recuerda.

La firma lo convirtió en el primer árbitro surgido del ámbito de la Liga Departamental de Gualeguaychú en alcanzar una instancia profesional dentro de AFA. La pasantÍ­a está vinculada a torneos regionales, con posibles designaciones según lo determine la entidad. Es el comienzo de una etapa distinta, más exigente.

“Lo primero que entendÍ­ es que empezaba algo nuevo. Lo que habÍ­a hecho hasta ahora tenÍ­a que duplicarlo. Ya no respondés solo a nivel local, sino a una entidad superior. Eso implica compromiso”.

La historia, sin embargo, no empezó con ese mail. Empezó a los 19 años, en La Plata, cuando Ariel se mudó para estudiar y un compañero lo acercó al arbitraje. Le gustaba el fútbol, probó, se adaptó rápido. La primera experiencia fue positiva y alcanzó para que la chispa prendiera.

Dirigió sus primeros dos años allÍ­. Después pidió el traslado a Gualeguaychú. Fue una decisión personal, con raÍ­z familiar. QuerÍ­a estar cerca de los suyos. Y eso implicó sacrificios silenciosos: viernes de viaje desde La Plata hasta Retiro, colectivo a Gualeguaychú, domingo regreso. Dos años enteros repitiendo esa rutina.

“Mi mamá y mi abuela fueron fundamentales. Es un rol criticado, pero siempre me apoyaron”.

En la cancha, el aprendizaje fue inmediato. Infantiles, fútbol femenino, partidos donde la intensidad no siempre se mide por la categorÍ­a sino por lo que se juega en cada pelota.

“En 90 minutos tenés de todo. Querés que salga todo bien, pero una decisión puede cambiar el rumbo del partido”.

Guibaud lo explica con claridad: el árbitro no solo corre. Administra emociones. Las propias y las ajenas.

“Cada decisión que tomás lleva el rumbo del partido. Tenés que controlar lo que sentÍ­s y lo que sienten los 22 jugadores. En este paÍ­s no es nada sencillo”.

Habla con respeto del fútbol argentino. De su pasión, de su intensidad. No lo vive como una carga. Lo disfruta. Se queda con el que entiende el juego, con la buena gente.

El momento más duro llegó con la pandemia. El parate fue largo. Demasiado. Casi dos años donde todo quedó suspendido.

“Fue muy difÍ­cil. Empezaba a tener una edad en la que necesitaba encaminarme. Se me pasó por la cabeza que habÍ­a dejado muchas cosas de lado, como trabajo o estudio. Pero nunca pensé en dejar”.

El regreso fue simbólico, en la Copa Gualeguaychú, con protocolos y barbijos. Volver a pisar el césped fue una señal.

“AhÍ­ confirmé que tenÍ­a que seguir. Siempre confié en que algo nuevo iba a llegar”.

Ese “algo” hoy tiene forma de contrato. Y también de mayor exigencia. Las evaluaciones fÍ­sicas incluyen pruebas de velocidad, resistencia y reacción. La preparación psicológica es clave. Porque, como él mismo dice, si el fÍ­sico no responde en el minuto 85, la cabeza tampoco.

A corto plazo, su meta es concreta: dirigir en el Federal A. A largo plazo, el sueño no se esconde.

“Dirigir en Primera División. Lo pienso, lo sueño”.

Lo dice sin grandilocuencia. Con la serenidad de quien entiende que el camino se construye partido a partido.

Cuando habla de los que vienen, no se coloca en un pedestal. Al contrario. Invita.

“Que sigan su instinto. Es un oficio complicado. OÍ­dos sordos y apoyarse en lo que uno hace bien. No hay Maradona en el arbitraje. El camino se hace al andar”.

Hoy, Ariel Guibaud camina ese sendero con otro horizonte. Pero con la misma esencia: una cancha, un silbato y la convicción de que desde Gualeguaychú también se puede llegar.



Autor:Franco Lizarzuay

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