La combinación de temperaturas extremas, vientos cambiantes y una sequía que no da tregua ha transformado el paisaje en un polvorín. En las últimas horas, el cuerpo de Bomberos Voluntarios Gualeguaychú debió desplegar un operativo de gran magnitud para contener un incendio forestal en la zona de Irazusta, mientras, en paralelo, otras unidades combatían focos urbanos, demostrando una capacidad de respuesta al límite de sus recursos.
El foco más crítico se declaró al sur de Irazusta, en una zona de montes en las inmediaciones del Arroyo del Cura. Lo que comenzó como un aviso rural escaló rápidamente, exigiendo la intervención sucesiva de los móviles 29, 36 y 28.
La labor no fue sencilla. En una primera instancia, los efectivos intentaron un ataque directo con mochilas de agua, pero la naturaleza impuso sus condiciones:
Tras horas de arduo trabajo y el apoyo fundamental de una unidad cisterna de la Municipalidad de Gualeguaychú para la recarga de agua, el incendio fue circunscripto y extinguido, dejando un saldo de 15 hectáreas afectadas entre monte, pastizales y maleza.
Mientras el grueso del personal luchaba en el campo, la ciudad no dio respiro. Casi en simultáneo, se reportó un incendio de terreno en la intersección de Clavarino y Martín Fierro.
Allí, los móviles 26 y 37 trabajaron sobre una superficie de 30 x 20 metros cubierta de residuos. Aunque de menor escala que el siniestro rural, estas intervenciones paralelas subrayan el estado de alerta permanente en el que se encuentra la institución debido a la negligencia humana y las condiciones climáticas.
Nota de reflexión: En épocas de sequía severa, cualquier chispa es el inicio de una catástrofe. El despliegue de hombres, mujeres y maquinaria que vimos hoy es el último escudo antes de que el fuego lo consuma todo.

