Un recorrido de pura nostalgia a través de las memorias de los vecinos. Tiendas de ropa con fiado a palabra, supermercados icónicos, grandes incendios y la calidez de los almacenes de barrio que marcaron la historia urbana de la ciudad.
La fisonomía de Gualeguaychú ha cambiado con las décadas, pero las esquinas con historia siguen intactas en la memoria colectiva de sus habitantes. A través de una masiva convocatoria en el programa radial Otra Mirada, conducido por Javier Vilaboa, cientos de vecinos desempolvaron anécdotas para recordar aquellos locales, tiendas y boliches que marcaron a varias generaciones y que, por el paso del tiempo o giros del destino, debieron cerrar sus puertas.
Durante décadas, el centro de la ciudad y sus calles emblemáticas como 25 de Mayo albergaban locales donde la atención personalizada lo era todo. Firmas como París Londres, Tienda El Hogar, Zapatería Vázquez, Casa Rosa, Casa Azcárate y Tienda Los Vascos no solo vestían a las familias, sino que construían vínculos basados en la confianza.
"Ir a Zapatería Vázquez era llevarte las cajas a tu casa para probarte tranquilo o que te atendieran en el mostrador con una paciencia increíble", rememoró Diana, una de las tantas oyentes que sumó sus recuerdos.
Entre las anécdotas más impactantes sobresalen los grandes siniestros que cambiaron el mapa comercial de la ciudad: el recordado incendio de la tradicional tienda Blanco y Negro (en la esquina de 25 de Mayo y Chacabuco) y la quema del supermercado El Picaflor, momentos trágicos que quedaron grabados a fuego en la memoria de los vecinos.
Antes de las grandes cadenas, la economía del hogar se sostenía en el almacén de ramos generales y la despensa de la esquina. Lugares como el histórico Almacén de Don Juan Rivollier en el Gualeyan —del cual conserva un registro fotográfico la oyente Liliana Velis con su padre en la puerta—, el almacén de Don Vespa en Rioja y Santiago Díaz, o el de Don Cotoño y su esposa Nelsa en Del Valle al 1700, representaban el corazón social de cada zona.
Allí donde regía la famosa "libreta de tapa negra", los comerciantes no solo vendían alimentos fraccionados —como los 100 gramos de queso rallado en el momento o los fideos sueltos— sino que ofrecían contención. Vecinos recordaron con especial afecto la calidez de locales como Lo Gasparini en Barrio Norte (atendido por Miguel y Nilda), el almacén de Beto Larrivey en Villa María y la despensa-bar Lo Pivas en Urquiza al Oeste.
El circuito comercial también tuvo sus gigantes. Antes de las grandes marcas nacionales actuales, el ritmo del abastecimiento local lo marcaban Supermercado La Familiar, Picaflor, Acorad y Supervisión. Muchos aún recuerdan los cassettes recopilatorios con temas festivos que editaba El Picaflor o los famosos pasacalles y la juguetería de El Bazar Alemán.
La nostalgia no estuvo exenta de los espacios de encuentro y diversión. Lugares de encuentro juvenil y nocturno como la confitería Aranjuez, Bárbaro, El Hostal del Virrey, las pistas de bolos Olivia y Zoom, o los locales de videojuegos como Ghost Game y La Casa de la Moneda, marcaron los fines de semana de incontables vecinos que hoy recuerdan esas salidas con una sonrisa.
Aunque los inmuebles hoy alberguen nuevos emprendimientos o fachadas modernas, los comercios de ayer continúan vivos en cada relato, reafirmando que la identidad de Gualeguaychú se construyó detrás de cada mostrador.
