De las "picadas" a la Kombi: la pareja mexicana que cambió la velocidad por la vida y hoy recorre nuestra región

Polo y Ana llevan cinco años viajando por el continente a bordo de "Blacky", una Volkswagen de 1982. Un violento siniestro vial y la pandemia los bajaron de un auto de carreras para enseñarles a vivir sin prisa. De paso por el departamento Gualeguaychú, conversaron sobre su bitácora, sus artesanías y el arte de desaprender el apuro.

En un mundo que exige inmediatez, donde el éxito se mide en la velocidad con la que alcanzamos las metas, hay quienes deciden poner el freno de mano. "Voy caminando lento, estirando el tiempo", cantaban Los Pericos a finales de los 90, una frase que bien podría ser la banda sonora de Polo (38) y Ana (35). Esta pareja de mexicanos partió de su hogar en abril de 2021 y, desde entonces, ha transformado el viaje no en una transición entre dos puntos, sino en una forma de habitar el presente.

Hoy, su bitácora marca que están en el departamento Gualeguaychú, haciendo una pausa en Urdinarrain antes de cruzar la frontera hacia Uruguay. Pero para entender cómo terminaron viviendo en una Kombi Volkswagen modelo 82, hay que volver al momento en que sus vidas iban, literalmente, a máxima velocidad.

El despertar: del Nissan 350Z al motor bóxer

Antes de la ruta, la realidad de Polo y Ana era radicalmente distinta. Vivían en el extremo de la rapidez: participaban en "arrancones" —lo que en Argentina conocemos como picadas callejeras— y su orgullo era un Nissan 350Z con el motor modificado. Tenían casas, un trabajo estable y peluquerías en marcha. Sin embargo, el asfalto les dio un primer aviso.

"Íbamos jugando carreras con otro chico, perdimos el control y el carro se accidentó. Yo me abrí la cabeza bastante grande y mi esposa empezó a perder la movilidad de un brazo; tuvo que ir a terapia. Ese mal momento nos hizo despertar. Uno piensa que tiene la vida comprada y va posponiendo todo para cuando se jubile", recuerda Polo.

El golpe definitivo de realidad llegó con la pandemia. Tras enfermarse de COVID-19 y pasar días complicados, la perspectiva terminó de encajar: era ahora o nunca. Vendieron el auto de carreras, alquilaron la casa, traspasaron los negocios y decidieron armar su propio hogar sobre ruedas.

16 países a paso de hombre

El proyecto se bautizó, de forma casi poética, "Caminando Lento". La Kombi, una antigua unidad de carga panel sin ventanas que estaba corroída por el tiempo, fue restaurada a pulmón con placas de chapa, una cocina compacta, una cama y un panel solar en el techo que alimenta la heladera y los ventiladores.

Desde su salida de México, ya han recorrido 16 países. Atravesaron Centroamérica, enviaron el vehículo en un contenedor para sortear el impenetrable Tapón del Darién entre Panamá y Colombia, y bajaron por la espina dorsal de Sudamérica hasta llegar a Ushuaia.

A nuestra provincia entraron tras un periplo que incluyó el norte argentino, la Patagonia, Chile y Paraguay. "No tenemos una ruta específica. Vamos 'puebleando'. Nos encanta llegar a los pueblitos pequeños, quedarnos cuatro o cinco días, conversar con la gente y meterle apenas 300 kilómetros a la ruta a la semana siguiente. Ahí te das cuenta de que el mundo no es tan grande", explica Polo con la tonada intacta de su tierra natal.

La ruta de "Caminando Lento" en Argentina: La Quiaca ➔ Jujuy ➔ Salta ➔ Tucumán ➔ Córdoba ➔ Rosario ➔ Buenos Aires ➔ Mendoza ➔ Esquel ➔ Comodoro Rivadavia ➔ Ushuaia ➔ Ruta 40 (Glaciar Perito Moreno) ➔ Chile ➔ Paraguay ➔ Entre Ríos.

Soltar los hilos para vivir de la artesanía

Vivir en la ruta implica también aprender a financiar la libertad. Al principio, la pareja intentó mantener el control de sus peluquerías a la distancia a través de cámaras de seguridad, pero el negocio comenzó a caer. En El Salvador tomaron una decisión drástica: cortar el lazo definitivo, regresar a México, cerrar los locales y lanzarse al vacío de la autosuficiencia total.

Hoy viven al 100% de las artesanías que ellos mismos fabrican, un oficio que aprendieron conviviendo con otros viajeros argentinos, brasileños e italianos. Diseñan anillos, pulseras y collares utilizando cuarzos naturales.

Al ser consultados sobre la seguridad y los mitos de un continente muchas veces estigmatizado por las noticias, Polo es categórico: "En México nos tocó encontrarnos a los 'malitos' (narcos), nos revisaron, preguntaron de dónde veníamos y nos dijeron que vayamos con cuidado. Ellos andan en la suya. Fuera de eso, en cinco años jamás sufrimos un robo. La gente buena en Latinoamérica somos muchísimo más. En Argentina, Colombia y Venezuela la calidez es impresionante".

Una pausa en el andén antes de seguir camino

La mística de viajar en un vehículo clásico también incluye aprender a escuchar sus "mañas". Polo confiesa que la Kombi, bautizada "Blacky", es un miembro más de la familia. Tanto es así que, antes de cruzar a Paraguay, sabiendo que el motor necesitaba una rectificación urgente, le pidieron "por favor" que aguantara unos kilómetros más. El vehículo se detuvo exactamente diez kilómetros después de trasponer la aduana paraguaya, habiendo cumplido su misión. Tras más de 70.000 kilómetros recorridos en esta travesía, el motor fue hecho a nuevo.

Durante este fin de semana, Polo y Ana estarán instalados en la Parque de la Estación de Urdinarrain, compartiendo sus anécdotas, exhibiendo su joya mecánica y vendiendo sus artesanías en cuarzo. El lunes y martes replicarán la experiencia en Gualeguaychú, ya que el miércoles se les vence el permiso de permanencia en el país y pondrán proa hacia Uruguay.

Para quienes quieran seguir de cerca este viaje que desafía el reloj de la rutina, la pareja comparte su día a día principalmente en su cuenta de Instagram, aunque también mantienen activo su canal de YouTube bajo el usuario @mrleo8819.

El valor de la desaceleración

Historias como la de Polo y Ana funcionan como un espejo incómodo para nuestra cotidianeidad. Nos demuestran que la prisa muchas veces es una construcción ficticia que nos priva de la profundidad del paisaje y del encuentro con el otro. Cambiar un Nissan de carreras por una Kombi de 1982 no fue una involución tecnológica; fue una evolución espiritual. Nos recuerda que, a veces, para encontrarse, primero hay que animarse a marchar despacio.



Autor:Javier Vilaboa

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