Cuando los ladrillos se caen, pero la memoria resiste

Hoy Urdinarrain amaneció con un ruido distinto: el de una demolición que se llevó algo más que paredes y techos. Se fue la casa de "Gota" Harispe, ese refugio donde alguna vez nació "Mi Nidito", el primer jardín de infantes de nuestra ciudad.

Dicen que las casas guardan el eco de quienes las habitaron. En la de Gota, seguramente todavía vibraban las risas de aquellos 25 niños de 1953 y las notas del piano de su prima. Aunque hoy el paisaje de calle Patriarca cambió para siempre, su legado es indestructible.

Para honrar ese rincón de nuestra historia y a la mujer que nos enseñó a dar los primeros pasos, recupero esta joya periodística de Florencia Luján, escrita en 2012 para su columna "Pueblo chico, Historias Grandes" en la edición papel de LA REGIÓN. Pasen y lean, porque a la memoria no hay pica que la baje.

 

Gota,  la primera maestra jardinera de Urdinarrain
En la memoria de muchos descansa, en algún lugar, el recuerdo intacto de la primera maestra jardinera. Aquella persona que con paciencia, sabiduría y amor enseña a todos los niños las palabras y experiencias necesarias para dar los primeros pasos en la vida. Con ella se aprenden los primeros juegos, versos y canciones. Es en su regazo donde todo niño se posa, entre un mar de lágrimas, cuando mamá y papá los dejan con la promesa de que, más tarde,  regresarán. 
Urdinarrain todavía recuerda con orgullo a la primer maestra jardinera de la ciudad: “Gota Harispe”, ella fue quien comenzó con el nivel inicial en el pueblo. “La idea fue mía y de una compañera del bachillerato, ella creó Mi cielito, en Gualeguaychú y yo Mi Nidito, en Urdinarrain”, cuenta con nostalgia Gota que, en aquel entonces, estudiaba para maestra.
“Abrimos a principios de marzo de 1953 en una sala del Club Progreso, fue un  logro tan  lindo para el pueblo, y para mi, por supuesto”, dice y agrega: “no puedo explicar con el sacrificio que lo hice y lo que lloré para dejarlo”. 
Mi Nidito duró lo que dura un suspiro. En el año 1954, por problemas políticos, se suspendieron todas las actividades que se llevaban a cabo en el club, por lo que el proyecto que Gota, a los 21 años, creó con tanto esfuerzo y amor, se disolvió como por arte de magia. Sin embargo, ella recuerda todo como si hubiese sido ayer: “eran aproximadamente 25 chicos, todos entre tres y seis años. A algunos los pasaba a buscar por sus casas y a otros los llevaban sus papas, eran tan lindos. Al principio de las clases duraban sólo 10 minutos quietos en sus lugares pero yo logré que lo hagan durante 25”.
A medida que Gota relata sobre la experiencia que marcó su vida ojea con su mirada cansada, fotografías de aquella época, allí están sus niñitos, todos bien arreglados junto a su “señorita maestra”. En dos de las imágenes se pueden apreciar a los alumnos con bonetes y alrededor de una mesa llena de dulces: “Una vez al mes, les festejábamos los cumpleaños, de acuerdo a las fechas no. Ese día era todo fiesta, mi mamá les preparaba la torta y mi prima tocaba el piano. Pasábamos todas las mañanas cantando y bailando”,  dice  con ternura. En aquel instante, por su mente, se le vienen todos los rostros de sus ex alumnos, además de sus dichos y el sonido de sus vocecitas: “¡mira que divino!”, “que buenmozo era éste”, “ese gordo era precioso”, “¡ay, lo mal que se portaba ella… mordía  todos sus compañeritos, se la pasaba en el rincón por no saber jugar”, esas son algunas expresiones y anécdotas que reviven en Gota cuando recuerda Mi Nidito.
Atrás quedó aquella joven llena de sueños y pasiones. En el presente, una mujer de 80 años a la que la vida, en reemplazo de esos 25 niños que tuvo que dejar en el ’54, le regaló 12 nietos  a los que adora y cuida por sobre todas las cosas. 
Hoy, la primera maestra jardinera de Urdinarrain, espera ansiosa los días de sol para poder sentarse debajo del árbol que está en la vereda de su casa, al borde de la calle. Allí, quizás, observa y oye a los chicos que van a un lado y a otro, riendo y llorando. Mientras sucede aquello, en la mesa del comedor de su hogar, Gota se entretiene con su mundo de papeles, además de su colección de fotos y vídeos que la hacen revivir todo eso una vez más, un ratito más.                          

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