Con un retraso de tres meses en los fondos nacionales, la institución que brinda techo, comida y contención a los más vulnerables enfrenta su hora más crítica. “Estamos viendo mes a mes si vamos a poder seguir”, advierte Elisa Altuna.
El Hogar de Cristo de Gualeguaychú atraviesa un momento de asfixia financiera que amenaza con derrumbar una red de contención construida durante años. La organización, que acompaña a 300 adultos y 100 niños en situaciones de vulnerabilidad extrema y consumo problemático, depende en un 95% de fondos provenientes de la SEDRONAR. Sin embargo, estos recursos llevan tres meses de demora, lo que ha forzado a la institución a una reestructuración de emergencia.
“Ahora sabemos que por este mes vamos a poder funcionar, pero estamos viendo cada 30 días si cubrimos los fondos o no”, explica Elisa Altuna, referente de la organización. La falta de certezas ya ha tenido consecuencias tangibles: una de las "casitas de medio camino" —dispositivos destinados a personas con padecimientos mentales— ha tenido que cerrar sus puertas, y se prevé un recorte inminente en los horarios de atención de los centros barriales.
La magnitud del Hogar de Cristo en Gualeguaychú es vasta, pero hoy se ve amenazada. Actualmente, la organización coordina seis dispositivos que brindan asistencia integral:
"Debido a esta situación económica, una de las casitas de medio camino ya está cerrando", lamentó Altuna. Además, adelantó que a partir de las próximas semanas deberán achicar los horarios de atención, que habitualmente son de 8:00 a 17:00, lo que pone en riesgo el plato de comida caliente y el acompañamiento diario que reciben los asistentes.
Mantener la estructura básica del Hogar —que incluye seis dispositivos distribuidos en la ciudad, desde el barrio La Cuchilla hasta el refugio cerca de la terminal nueva — demanda un esfuerzo económico inmenso. Altuna estima que el costo de acompañar integralmente a una persona en situación de calle extrema es de $60.000$ por mes.
Este monto cubre necesidades básicas que el sistema suele ignorar:
“Trabajamos con la persona en su integralidad”, señala Altuna. “Muchos han perdido vínculos familiares y hábitos básicos por heridas que nacen a muy temprana edad, con consumos que arrancan a los 12 o 13 años”.
Ante la falta de respuestas estatales, el Hogar lanzó la campaña “La voz de los que no tienen voz”. En esta iniciativa, influencers locales prestan su rostro y sus plataformas para relatar en primera persona las historias de vida de los protagonistas del Hogar.
A través de los relatos de Romina, Brian, Armando, Pedro, Alexis, Juan, Yohana, Yami y Dai, la comunidad puede conocer las historias de abuso, desamparo y resiliencia que se esconden detrás de las estadísticas de consumo. “Muchas veces la gente no sabe qué hay detrás; bajo esa inquietud nació esta campaña para sensibilizar”, afirma la referente.
Pese a la crisis, el Hogar de Cristo sigue apostando a la reinserción a través de la Cooperativa Brota. Integrada por unas 15 personas que ya han avanzado en su proceso de recuperación, la cooperativa ofrece servicios de jardinería, mantenimiento de parques y limpieza a empresas del Parque Industrial y al municipio.
“Somos cooperativa y tenemos la posibilidad de facturar”, destaca Altuna, subrayando que esta herramienta no solo brinda un servicio de calidad, sino que ofrece a los "pibes" la estabilidad y el respaldo necesarios para reconstruir su identidad laboral.
La estrategia a largo plazo de la institución es lograr la sostenibilidad mediante alianzas y donantes individuales que aporten previsibilidad. Sin embargo, ante el “incendio” financiero actual, el aporte inmediato es vital para garantizar que el Hogar siga abierto.
HOGARDECRISTOGCHU (A nombre de la Cooperativa de Trabajo de Acompañantes).“Confiamos y rezamos para que las gestiones se den, pero hoy necesitamos que este tema siga en la agenda y que la solidaridad de la gente nos dé aire para seguir acompañando la vida como viene”, concluye Altuna.
