Los jardineros de hoy, las flores de mañana

Recientemente una persona cercana me hizo llegar un material de lectura muy interesante de la Lic. en Psicología Valeria Sabater, titulado “Los hijos no se “pierden” en la calle, sino dentro de casa”, publicado en la página web: https://lamenteesmaravillosa.com

En dicho texto la prestigiosa profesional manifiesta: “Los hijos no se “pierden” en la calle. De hecho, esa pérdida se inicia en el propio hogar con ese padre ausente, con esa madre siempre ocupada, con un cúmulo de necesidades no atendidas y frustraciones no gestionadas. Un adolescente se desarraiga tras una infancia de desapegos y de un amor que nunca supo educar, orientar, ayudar”. Para luego de un muy concreto análisis, finalizar puntualizando que “Si bien es cierto que en lo que se refiere a la educación de un niño todos somos agentes activos (escuela, medios de comunicación, organismos sociales…), es la familia la que hará germinar en el cerebro infantil el concepto de respeto, la raíz de la autoestima o la chispa de la empatía”.

Otra voz importante de la minoridad moderna, es la doctora Graciela Moreschi, quien sobre la actitud hacia los hijos/as dice: “Los padres, por comodidad, generan personalidades adictivas. Por ejemplo, cuando estimulan a un chico a estar enchufado para que no moleste. Y esto que parece trivial es fundamental porque un chico que no sabe aburrirse es un chico adicto. El que no tenga un yo fuerte, el que se sienta aburrido y vacío ése es el que a la postre quedará prendido a la droga. O a lo que sea.”

Es hora de aclarar que estas variadas reflexiones están pensadas en familias tipo, de clase media, a lo sumo media/baja, pero constituidas formalmente con los preceptos familiares, culturales y religiosos que la “moral social” nos ha impuesto desde pequeños. En donde un padre ocupado por el trabajo, o divorciado y ausente de sus hijos, más una madre que se multiplica para poder cumplimentar con todas las necesidades hogareñas, son el patrón que, dentro de la propia casa familiar, permiten que sus gurises se “pierdan” en la ficticia realidad circundante.

Muchos de nosotros coincidiremos en que esta situación se repite muy a menudo, y que la Lic. Sabater tiene elementos fuertes, concretos y habituales para arribar a tal conclusión.

Sin embargo una situación real me incomoda, y aunque evito potenciarla a un nivel que genere polémica, pues es claro que en Urdinarrain esas situaciones (las polémicas libres y sin control) inquietan al poder y sus amigos, y también, porque no decirlo, a gran parte de la sociedad, mi trabajo en el Hogar lleva a plantearme la siguiente cuestión/pregunta:

Cuándo esos chicos y chicas se pierden en familias no constituidas, o sin herramientas de ningún tipo, para poder crear algo parecido a una idea de familia; ¿Quién debe encargarse de cobijar y ayudar, a que esas criaturas encuentren una esperanza, o en el peor de los casos una vida de menos sufrimiento?

La respuesta más común sería: El estado municipal esta para eso. Aunque a decir verdad esa visión es simplista, y carece de voluntad para comprometerse en la solución. Creo que es fundamental la participación y guía del municipio de Urdinarrain, pero creo también que es hora, que la sociedad o comunidad local asuma su protagonismo. En definitiva,  la sociedad crea al Estado para obligarlo a cumplir con lo que ella cree, que deben ser las reglas que la deben regir, por lo tanto la sociedad es la clave en este asunto.

Esto me lleva a preguntarme, cuando los niños o niñas no encuentran la debida o mínima contención familiar, y salen a pedir o a mendigar por nuestras calles, ¿cada uno de los integrantes de la sociedad de Urdinarrain debe transformarse en una voz que aconseje a la criatura?, ¿un mano que se estire para decirle “no estás sola/o, yo quiero ayudarte”?, ¿Un corazón que transmita amor al prójimo y no rechazo?, ¿es decir una “familia comunitaria”?

Que cree usted?

UNICEF tiene dicho reiteradamente, que si hay algo que tienen en común todos los niños del mundo, sin excepción, son sus derechos. Hayan nacido donde hayan nacido, tengan el color de piel que tengan y sea cual sea su condición económica o sexual, todos los niños del mundo tienen los mismos derechos. Por lo tanto mi respuesta a esta cuestión es SI, la sociedad de Urdinarrain de cumplir (junto al Municipio) el rol de una “familia comunitaria” que proteja y AYUDE a ese gurí o gurisa desorientado/a que entra a pedir a un negocio, o camina sin destino cierto reclamando atención.

¿Sabe por qué?, Porque como dijo en el siglo pasado, la brillante humanista Italiana María Montessori: “Sembrad en los niños buenas ideas, (que) aunque hoy no las entiendan, el futuro se encargará de hacerlas florecer”.

Por Mauro Santiso
Director centro de día – Hogar de Adolescentes

LA REGION

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