Gualeguaychú: Una mirada fotográfica desde el asentamiento

Asentamiento - 06 - LA REGIONLlegar por la mañana al barrio, a ese donde los gurises en pleno invierno suelen jugar y en patas en la calle de tierra. ¿Será que no sienten frio, que están curtidos o ya la carencia se les hace crónica?

Caminar entre las casillas del asentamiento lindero al arroyo Gaitan, ahí donde termina el canal Clavarino, donde desemboca algo así como la mitad de los efluentes de la ciudad, justo ahí he venido a parar y a detenerme con mi cámara, que sin filtros ni desenfoques muestra una realidad tan difícil de tapar como el sol con un dedo.

No quise adentrarme en la intimidad de los vecinos, aún así intento disimular la congoja. Aunque el sol calienta bastante el viento frío azota la cara, los gurises que no han ido a la escuela salen a jugar a la calle, esa que es vereda y patio a la vez.

Sentí vergüenza, sentí bronca e impotencia, y más… casi imposible abstraerse y hacer foco sin que la retina se me llene de lagrimas, esas que intento contener ante la presencia de la vecina a quien pregunto si alguna vez el intendente había visitado el lugar y me respondió: “hasta esa esquina, hasta donde llega el asfalto, cuando estaba en campaña, después nunca mas vino”.

Otra señora dijo vivir hace 36 años en el lugar y que les han prometido de todo, agua, luminarias y más.  “En la ultima intendencia de Leissa logramos hacer que pongan esas columnas, pero nunca más” agregó.

En el recorrido y desde su “casa” una joven de no mas de 28 años al preguntarle por sus necesidades dijo: “necesito abrigo, ropa para los gurises” –¿cuantos son señora? Le dije – “tengo seis”-  y la mas chiquita estaba prendida de su teta y la mas grande a sus espaldas, creo que tendría unos catorce.

El recorrido me llevo hasta el fondo de una calle sin salida, ahí donde se termina el pueblo, donde ya nadie sabe que pasa después de la tardecita, donde los brillos del carnaval son solo una anécdota de verano.

Consulté a la vecina que se acercó pa saber que estaba yo haciendo. Le pregunte por el puente.

“Ese puente lo venimos pidiendo hace tiempo, había uno y la correntada lo rompió, el intendente Bahillo dijo que lo iban a arreglar para que vuelvan a pasar los autos asi no estábamos tan incomunicados” – pregunté que paso. “después vino un señor de obras publicas, medio rengo, y dijo que el presupuesto no daba para hacer el puente que necesitábamos y que iban a hacer uno pa que cruce la gente a pie” – y entonces?-  “bueno, hicieron esto, y  algunos se han robado la mitad de las cosas” . Nos quedamos mirando el puente, y un gurí que lo intentaba cruzar a caballo, pero el ancho no le daba, desistió y cruzo por el arroyo. Y como este serán otros barrios, quizás mas al norte, o al sur y al oeste… en este Gualeguaychú  donde se niega que el hambre existe, donde los niveles de pobreza ha bajado, pero ha crecido la indigencia.

La pobreza con dignidad es pasable, y algunos hasta la eligen como forma de vida, pero aquí lo que persiste es la miseria. Acá donde el rio huele a mugre, donde las cloacas son el hedor común de un barrio postergado por años.

Ya en mi mesa, a estás horas de la noche -y mientras escribo esto -me pregunto que será de los gurisitos en elasentamiento, ¿habrás comido angelito? ¿Con que vas a abrigarte?

Ahí, a pocas cuadras del municipio, donde se festejan diez años de triunfos, ahí en la villa donde la década ganada ha perdido casi todas las batallas, ahí mismo, ahora mientras estás leyendo esto, hay alguien que no tiene que comer.

(Por Cristian Gauna – Publicado en la edición papel)

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